Pensamientos del Padre Etcheverry para rezar  cada día

Caridad

  • “Cuando viene sobre nuestra alma  la gracia, la misma incandescencia del ‘fuego divino’, le da a nuestra voluntad, le participa, el mismo calor de Dios y es capaz de amar como Dios ama, con un calor, con un amor por encima de todos los particularismos, de todas las razones estrechas, pequeñas de la carne y de la miopía de la inteligencia corta humana, por encima de todos los factores sociológicos, de todos los estratos sociales, de todas las limitaciones geográficas, de todos los lindes históricos, incluso por encima de los límites del cosmos visible, es capaz de hacernos amar con respecto a gente que está en el más allá.

Más aún, nos hace capaces de amar amistosamente siempre, con una amistad tan íntima como la que tendríamos  con el vecino, con el pariente más cercano y pasar por encima de los lindes de lo humano de nuestro tiempo y de lo humano de tiempos pasados y de lo humano por venir.

Nos hace capaces de amar también lo que no es humano, como son nuestros hermanos los ángeles y rompiendo nada menos que las distancias de lo infinito, nos hace penetrar en el seno mismo de Dios y sentarnos a participar de un amor familiar con las infinitas Personas de la Familia Trinitaria.

¡Vaya si es grande esa comunicación del amor de Dios, del calor de Dios a nuestros corazones! Evidentemente que es enormemente grande el amor de Dios cuando nos ha elevado al orden sobrenatural...” Mayo, 1965

 

 

  • “La caridad es la más importante de todas las virtudes teologales:

Primero porque está ligada indefec­ti­blemente a la gracia, a la vida sobrenatural. No se puede parti­ci­par de la vida divina, no se pueden tener vida sobrenatu­ral y carecer de caridad, de amor de Dios; y tampoco se puede tener amor de Dios, caridad, sin la gracia.

Segundo porque el amor a Dios tiene que recubrir todas las otras virtudes y las activida­des de las otras virtudes; nada soy -dice San Pablo- si hago todas esas cosas pero me falta el amor a Dios, en cambio, -dice a continuación- si yo tengo el amor de Dios voy a tener paciencia, la caridad es paciente, es benigna, no piensa mal, piensa bien… entonces, una serie de otras virtudes las hace depender a todas ellas preci­samente de la caridad.” Noviembre, 1966.

 

 

  • “¿Qué es el amor? Es una virtud que empuja a querer unirnos a una cosa que juzgamos buena, conveniente, el amor es una atracción, una capacidad de ser atraídos, de dejarnos atraer por aquello que se nos presenta de alguna manera como bueno. Y Dios es el Sumo Bien, Dios es infinitamente bueno en Sí, y además es infinitamente bueno para nosotros.” Noviembre, 1966

 

  • “Respecto de Dios este amor tiene de sobra fundamentos. Dios es infinitamente perfecto. Si a mí me interesan las personas inteligentes, Dios es infinitamente inteligente; y las personas poderosas, Dios es infinitamente poderoso; y las personas buenas, Dios es infinitamente bueno; las personas lindas, Dios es la fuente de toda belleza. Todo lo que yo pueda encontrar en cualquier creatura, todo lo que pueda encontrar de lindo o de perfección es una simple copia disminuida de las perfecciones propias de Dios. Dios es el modelo y la fuente de toda perfección humana o terre­na. Entonces si a la luz de la inteligencia y a la luz de la fe yo me pongo a considerar los atributos, las perfecciones de Dios, naturalmente tengo que tener un gran amor.

Pero además amor de gratitud porque ¿a quién le debo más que a Dios? Si todos los bienes que yo tengo de orden natural y de orden sobrenatural, me hayan venido directamente o me hayan venido a través de personas o de cosas de aquí abajo, en defini­tiva todos me han venido de las manos de Dios.

Y la caridad nos hace amar a Dios en cuanto es nuestro Padre, el Padre Eterno, nuestro Hermano, Jesucristo, nuestro Maestro, el Espíritu Santo.” Noviembre, 1966

 

  • “La caridad es ante todo el amor que le tenemos a Jesucristo, vamos a amar a Jesucristo y a través de Él al Padre Eterno y al Espíritu Santo.” Octubre, 1965.

 

 

  • “El amor se expresa con palabras, con gestos. Y nosotros traducimos nuestro amor a Dios con el culto, con las palabras y con los gestos con los cuales nosotros rezamos, ya sea en nuestra intimidad o con otras personas o dentro de ese culto público muy especial que es el litúrgico.

Pero el amor tiene que traducirse también en una conducta; no sólo en las palabras y expresiones de afecto en la relación con Dios sino que tiene que traducirse ese amor en nuestra conducta, según aquel célebre dicho de Santa Teresa: "Obras son amores que no buenas razones."

Cuando nosotros tenemos amor efectivo a Dios tratamos de hacer lo que a Él le gusta, tratamos de cumplir su voluntad. Se traduce fundamentalmente en una conducta recta, en amor al bien: respecto de la ubicación en nuestra vida, de nuestras obligaciones cotidianas, de la aceptación de las circunstancias, del uso libre de potencias, personas, cosas. Todo eso se realiza cuando nosotros queremos lo bueno, queremos los medios y queremos finalmente evitar los obstáculos. Así vamos al fondo.” Noviembre, 1966.

 

  • “Y si miramos ese mismo amor de Dios cuando se trata de demostrárselo a Él no directamente sino a través del prójimo…  ¿Cómo hacemos,  para amarlo a Dios en el prójimo y tratar al prójimo como el amor de Dios nos lo exige? Acostumbrándonos a ver a Dios en el prójimo: todos estamos destinados a ser templos donde esté la Trinidad y Jesucristo de un modo particular, y a ser imágenes de Jesucristo. Yo tengo que amar a Dios nuestro Señor y amándolo a Él lo voy a amar al prójimo, otra cosa es que Dios me pida que me ejercite primero en el prójimo.” Noviembre, 1966

 

  • “Tantas veces hemos dicho que Dios nos da directamente a nosotros sus bienes  pero quiere que - aparte de las expresiones que le demos de nuestro afecto por el culto, por la oración- con hechos le demostremos a Él el amor a través de nuestros prójimos. Dios tiene dos manos: una para darnos,  y es directamente la suya, y otra para recibir lo que nosotros tenemos que devolverle, y es la mano de nuestro prójimo.”  Junio, 1967

 

  • “Entonces, como dice el apóstol Santiago, si nosotros decimos que amamos a Dios  y nos olvidamos de una persona que padece necesidad al lado nuestro pudiendo solucionar esa necesidad, mentimos, y no tenemos realmente el amor a Dios que manifestamos. Esto vale respecto de los bienes o de las necesidades temporales del prójimo, pero ¡cuánto más respecto de las necesidades espirituales del prójimo!, porque ellas hacen referencia a la posesión o no de la gracia santificante que los hace participar de la vida divina ya en la tierra y hace o no a la futura consecución del Cielo que es la posesión de Dios cara a cara por toda la eternidad.” Junio, 1967

 

  • “¡Cómo cambia Jesús radicalmente el panorama de nuestras relaciones con el prójimo! Vos nos decís Jesús que nuestra obligación es amar a todos los hombres como Vos los amaste ya que moriste en la Cruz por todos, sin ninguna excepción. Vos nos recordás que tu Padre Celestial hace salir el sol sobre los buenos y los malos, permanentemente les está sosteniendo la vida, les da el aire que respiran, el agua que beben, el alimento que comen, el sol que pone en movimiento toda su energía vital, la lluvia que fecunda, todo lo que necesitan para vivir. Así nos pedís que amemos al prójimo. No sólo negativamente:  no odiándolo, no guardando resentimiento, sino positivamente: haciéndole bien, como Vos Jesús rezabas y pedías al Padre que no tuviera en cuenta lo que hacían tus verdugos y como el Padre que permanentemente está dando a los hombres beneficios, sabiendo que muchas veces esos hombres van a emplear esos beneficios para ofenderlo. ¡Qué amplio panorama de amor nos presenta este Evangelio! ¡Qué diferencia radical con todo lo que existía antes de tu venida al mundo! ¡Cómo revoluciona la historia de la humanidad!” Octubre, 1966

 

  • “Cuando lo hicisteis al más pequeño de mis hermanos, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40). Aquí está ese signo tan distintivo del Nuevo Testamento. Cuando nosotros nos relacionamos rectamente con los hombres nos relacionamos rectamente con Dios. Dios no quiere que uno solo perezca, sino que todos los hombres vuelvan a Dios (2Pe 3, 9), todos  absolutamente todos. A todos los hombres, absolutamente a todos tenemos que quererlos para atraerlos a Jesucristo nuestro Señor.” Mayo, 1963 

 

  • “Tengamos el corazón lleno de misericordia para los demás, para aquellos que merecen toda la misericordia porque no tienen ningún bien y para todos, ya que todos los hombres tenemos ausencia de algún bien, eterno o temporal. Así vamos a marchar a Dios por el camino de nuestros hermanos. Como Jesucristo nuestro Señor que en la Cruz no sube al Padre sino hasta que ha abierto los brazos y ha abrazado a todos los hombres y ha pedido perdón para aquellos que lo están matando, ha pedido al Padre Eterno por aquel buen ladrón y ha pedido por todos los hombres y se ha entregado por todos ellos. Bienaventurados, entonces, los misericordiosos, los que tienen el corazón lleno de la caridad abierto al bien del prójimo.” Mayo, 1963

 

 

  • “¿Cómo hacemos para desarrollar la caridad, el amor a Dios en nosotros?

 

La caridad es una virtud sobrenatural que el Señor tiene que dárnosla y desarrollárnosla. Entonces tenemos que pedir el amor a Dios, amor a Él y amor a Él en nuestros hermanos.

 

En segundo lugar, mediante el estudio y la oración. Si el amor tiene dos fuen­tes, las perfecciones de Dios y los bienes recibidos de Él que originan el amor de gratitud, estudiando las perfecciones de Dios, considerándolas en la oración y considerando los beneficios de Dios, mi corazón si no es de piedra, si tiene un poco de calidad, va a sentir amor a Dios.

 

Finalmente mediante el ejercicio mismo. Toda potencia y toda virtud se desarrollan con su ejercicio. Si yo me ejercito en ese amor y le traduzco mi afecto a Dios permanentemente en un culto, es decir en una oración a la mañana y a la noche, en alabanza, en agradecimiento, en petición, etc., y si yo me ejercito en un amor efectivo tratando de cumplir la voluntad de Dios pregun­tándome qué es lo que quiere Dios o qué es lo que haría Jesucristo en mi lugar o qué es lo que quiere hacer Jesu­cristo ahora por mi intermedio,  se va a ir desarrollando en nosotros el amor. Si eso lo hacemos por amor, ese amor se va a ir desarrollando. Lo mismo respecto de nuestro prójimo: si nosotros vamos al prójimo y siempre tratamos de ver a Dios y por lo tanto tratamos de beneficiarlo por amor de Dios nuestro Señor, eso va a ir desarrollando en nosotros el amor, por ejercicio y también porque Dios que es muy bueno y no se deja vencer en generosidad ante nuestro esfuerzo nos va a dar más y más amor.” Noviembre, 1966.