Pensamientos del Padre Etcheverry para rezar  cada día

 

Santidad

  • “Naturalmente es Él quien nos va a llevar a la santidad pero requiere de nuestra parte la cooperación de nuestra propia aspiración a la santidad. El Señor respeta siempre nuestra libertad y obra generalmente con gran finura en un trato sumamente delicado, que exige de noso­tros también finura, atención, digámoslo desde ya: detalle, además de generosidad.”  Enero 1968

 

  •  “Quiero santificarme; lo que me falta es una resolución firme, capaz de no retroceder ante nada. Quiero tener esa resolución.” Diario, 1 de Junio de 1937

 

  • “Me he confesado y tengo paz. Quiero ser santo e inmediatamente con la gracia de Dios, empezaré a serlo.” Diario

 

  •  “Ayer terminó el mes de María: el amor y devoción a María debe continuar todo el año. Nombremos a Ella patrona de nuestra salud, de nuestros estudios, de nuestra santificación.” Diario, 1 de junio de 1937

 

  •  “Dulce Corazón de Jesús, a Ti consagro estos ejercicios por medio de María, "nuestra" Madre querida y bajo la Protección de nuestro común Protector San José. Háblame Jesús mucho, inspírame, dirígeme, indícame el modo definitivo de tratar contigo, de centrar mi vida en Vos, indícame el camino particular por el cual quieres que vaya en mi trabajo futuro  para darte mucha gloria, toda la que de mi quieres. Dulce Jesús: plenamente en tus manos quedo, o al menos, quiero quedar.” Diario, 1 de junio de 1937

 

  • “Estoy “cierto” de llegar a la santidad porque lo he de pedir cada día con tres Avemarías. Ella “nunca” me ha fallado en mis pedidos sin importancia, y ella me sacó del mundo y me hace llegar al sacerdocio porque le he rezado tres Avemarías cada noche, creo que con bastante fidelidad desde los once años: así es María, mi Madre. Por eso estoy cierto de que llegaré a la santidad. También estoy “cierto” de que acertaré en mi camino particular, porque también he de pedírselo diariamente con tres Avemarías.” Diario 7 de abril 1941

 

  • “Tantas veces he comenzado que no me atrevería a tomar resoluciones.  Pero confío en el Señor o quiero confiar en Él exclusivamente. Ya sé lo que yo puedo. Repito: confío en el Señor exclusivamente y propongo en base a esa ayuda segura, llegar a la santidad. Por mi parte lo quiero. Agrego a esto tres Avemarías diarios a la Madre Celestial con esa intención. Diario 19 de marzo 1936

  • "…conservemos dentro del alma las ganas de ser santos…” Enero 1968

 

  • "Hay que estar dispuestos a pagar todo el precio que se requiera por la santidad." Enero de 1968

 

  • "El que se desanima en el camino de la santidad porque vuelve a equivocarse una vez y otra, está totalmente equivocado." Enero 1968

 

  • "…es Él quien nos va a llevar a la santidad pero requiere de nuestra parte la cooperación de nuestra propia aspiración a la santidad." Enero 1968

 

  • “Estemos ciertos de que si respondemos al ideal respectivo pensado por Dios para cada uno, vamos a llegar a la santidad, incluso la canonizable.” Enero 1968

 

  • “No hay que desanimarse y hay que empezar todos los días de nuevo. El que se desanima porque vuelve a equivocarse una vez y otra, está totalmente equivocado. Solamente Jesucristo no tenía defectos. Y, por otra parte, tengan el gran consuelo de que a medida que sean más perfectas, más defectos van a encontrar en ustedes.” Enero 1968

 

  • “Todos los días para no desanimarnos tenemos que decir “Ahora empiezo” como si no hubiera hecho nada hasta ahora” Enero 1968

 

  • “Si somos santos y nos dedicamos a conocerlo más y más a Jesucristo, cada vez vamos a ir amándolo más y más. Y a medida que nos dejamos manejar por El y estamos unidos con El y lo tratamos frecuentemente a Él, va aumentando más y más el amor” Enero 1968

 

  • “Jesús, haz que pasemos por encima de todo lo que nos separa de Ti (…) para comprenderte, amarte y unirnos más a Ti.” Junio 1965

 

  • “¿Y a qué tenemos que aspirar? A la santidad. Y ustedes recuerdan que la santidad es una plenitud.  ¿Por qué decimos una plenitud? Porque en cada uno es distinta esa plenitud. Para cada uno es aquella querida por Dios. Una plenitud de gracia y de caridad, de vida divina y de amor. ¿Cuál? Aquélla, la más grande, concebida con infinita sabidu­ría e infinito amor por Jesucristo Nuestro Señor para cada uno de nosotros.” Enero de 1968

 

  • “Tu quieres que confiemos plenamente en Ti, que le demos una absoluta primacía al Reino de Dios y su justicia en nosotros y en el Prójimo, sabiendo con toda firmeza, confianza, amor y gratitud que no nos va a faltar nada.” Julio de 1967

 

  • “Transfórmanos, Jesucristo, en aquello que Tu quieres, que Tu soñaste, que pensabas para nosotros (...) para que respondamos a Tu amor, a Tu llamado, a la sublime vocación que nos diste, a las necesidades de nuestro tiempo, al bien de la gloria de Tu Padre, a tu propia honra, Jesús Nuestro.” Octubre  1970

 

  •  “¿Y cómo se obtiene esa santidad? Ya lo sabemos: aunando dos fuerzas que tantas veces hemos recordado sintetiza San Pablo en su frase: "Gratia Dei mecum" (1Cor 15,10), la gracia de Dios conmigo, con mi esfuerzo, con mi cooperación. ¿Cómo se obtiene? Tantas veces lo hemos repetido: por una parte, abriéndonos a la gracia, lo que tantas veces hemos recordado podríamos llamar "el camino místico"; por otra, quitando obstáculos: lo que tantas veces también hemos recorda­do podríamos llamar "el camino ascético".” Enero 1968

 

  • “Primero: valorar la santidad, persuadirnos profundamente, en el plano espiritual y en el plano psicológico, de todo lo que es motivo, de todos los valores que existen para nosotros aquí y ahora apremiantemente en favor de la aspiración a la santidad.​ 

Segundo: aspirar en concreto, decidirnos definitivamente, lanzarnos.

Tercero: encararla con seriedad responsable.

En cuarto lugar: pedirla. Pedirla adecuadamente: con humildad, con confianza, con perseverancia, con frecuencia a Jesucristo mismo, al Padre Eterno, al Espíritu Santo, a la Santísima Virgen.

En quinto lugar: trabajar. Con decisión: ya, ahora, inmediatamente. Con perseverancia. Con generosidad.

En sexto lugar hay que renovar continuamente el ideal. Y en esto es fundamental la oración.

Finalmente, en séptimo lugar: no hay que desanimarse y hay que empezar todos los días de nuevo,

como decía San Bernardo.” Enero 1968

  • “¿Por qué aspirar a la santidad? Porque el amor exige amar siempre más. Si somos santos y nos dedicamos a conocerlo más y más, cada vez vamos a ir amándolo más y más. Y a medida que nos dejamos manejar por El y estamos unidos con Él y lo tratamos frecuentemente a Él, va aumentando más y más el amor.” Enero 1968

 

  • Construir la tierra mirando el cielo: “tenemos que ir al cielo construyendo la tierra... pero tenemos que construir la tierra teniendo presente que todos nuestros pasos en ella deben conducirnos al cielo y que incluso el mayor beneficio que podemos hacer a los hombres en sus intereses de aquí abajo es recordarles y recordarnos que se va a construir bien la tierra en el orden social, político, económico, etc., en cuanto se mire al cielo, en cuanto se tenga en cuenta el carácter de medio que todo lo de aquí abajo tiene en relación con el fin último.” Abril 1967

 

  •  “Pongamos los pies en la tierra, ocupémonos de todos los problemas de aquí abajo, pero con la firme convicción de que debemos ocuparnos de ellos porque Dios quiere, pero siempre en tanto en cuanto la solución que le demos y el trato que le demos no nos aparte del cielo, sino, por el contrario, nos sirva de medio a nosotros, y a los otros hombres para ir al cielo.”  Abril 1967

 

  •  “Vayamos al cielo, pensemos en el cielo, pensemos seguido en el cielo, encontraremos en esa perspectiva de encontrarnos un día con Jesucristo cara a cara la alegría que nos sostenga en los problemas de aquí abajo, en los sinsabores y en las tristezas, pensando en el cielo tengamos fuerza y seguridad de que no nos va a faltar nada de lo necesario para construir la tierra porque esto es medio para ir allá.” Abril 1967

 

  • “Pensemos en el cielo, y con el pensamiento y el corazón puesto allá y teniendo el cielo como medida de todo lo temporal dediquémonos, no solo a pensar en el cielo y a cuidar nuestra alma sino también a construir la tierra teniendo en cuenta sus metas temporales en cuanto no se oponen ni obstaculizan, sino al contrario, sirven al logro de los fines eternos.” Abril 1967

 

  •  “El mundo es casa de Dios. “¿Por qué? A un doble respecto, porque es propiedad de Dios, y tanto que si la soltara un instante a esa propiedad, si se desprendiera un segundo y la soltara de sus manos a esa propiedad, esa realidad dejaría en el acto de existir, se aniquilaría, ¡tanto es propiedad de Dios!, y además el mundo es casa de Dios porque Dios habita en ella. Por eso el mundo lo muestra a Dios.” Agosto 1965

 

  • “Y si el mundo es casa de Dios, es nuestra casa: porque somos sus hijos, porque habitamos en él y porque en gran medida también lleva nuestra impronta. ¿Y para qué estamos en este mundo, en esta casa? Estamos en el mundo para que a propósito de todas las cosas vivamos vida de familia con Dios. Fíjense que ése es el verdadero concepto del mundo y nuestra vida en él: vivir vida de familia en contacto con Dios y con nuestros hermanos los hombres que son miembros de la misma familia. ¡Cómo cambia todo el panorama de la realidad y cómo cambia nuestro modo de actuar en el mundo si tenemos el verdadero concepto de lo que es el mundo y de lo que nosotros somos en él! Cómo nuestra vida se hace un diálogo permanente con Dios y con los hombres, lleno de amor de familia, lleno de piedad. Piedad significa amor de familia, amor de los padres a los hijos, de los hijos a los padres, de los hermanos entre sí, de los parientes todos también entre ellos mismos‑.”  Agosto 1965

 

  • “¿Cómo es posible que Dios nos lance, a los hombres, con exigencias familiares, políticas, económicas, culturales enraizadas en nuestra propia naturaleza, y que ellas no tengan ningún sentido sobrenatural?  ¿Es que Dios nuestro Señor achicó su talento, estaba de vacaciones cuando hizo el orden político, económico, cultural? ¿O es que Dios actuó con un sentido religioso profundo en el orden natural de las cosas de este mundo? Todas las cosas muestran a Dios y en ese sentido son religiosas, pero en un orden sobrenatural las cosas tienen un sentido religioso mucho más profundo, sobre todo las cosas humanas. Nosotros imitamos y participamos de Jesucristo que es esencialmente hijo de Dios y sacerdote y todos nosotros, incluso los laicos, somos hijos de Dios con Jesucristo y somos también, de alguna manera, sacerdotes. Por eso todas las instituciones que resultan de ese operar pueden ser y deben ser instituciones que reflejen a Jesús y transmitan la caridad y las virtudes teologales, cumpliendo sus propios fines naturales…” La sacramentalización de lo social, 1953

 

  • “Una cosmovisión es la imagen del conjunto de cosas que nos importan y que nos motivan, y que, por ende, nos imponen la línea de nuestro comportamiento. Es la imagen resultante del conjunto de nuestras creencias, o sea, de las cosas que nos importan. Es un modo de ver y de vivir la vida, una toma de posición vital fundada en un conocimiento de la realidad que somos y que nos circunda, en todos sus elementos integrantes, planos, relaciones de esos elementos entre sí y con nosotros, y una toma de posición también producida por la valoración que hacemos de esos elementos que hemos conocido de la realidad y de la integración de los mismos en un estructura orgánica, es decir, coordinada y subordinada interiormente.” Visión del Mundo, 1969.