Su deseo de santidad

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"Jesús, quiero que con tu gracia se dé mi comienzo en el camino de la santidad."

"...elijo como escudo y armas la devoción a María y como antorcha la vida interior."

"Quiero ser santo. Sostenedme María y haced que responda a la gracia del Señor para serlo".

"Estaré entregado totalmente a la Iglesia y en mi vida mi único móvil será servirla, ya no más voluntad propia /…/

"...tuyo sólo, todo, siempre (stricte “Homo Dei” /estrictamente un hombre de Dios/)"

"Ya soy sacerdote... y nada en mí parece cambiado.  Me haces comprender, Señor, que mi vida en adelante deberá ser vida de Fe."

A los 17 años escribe:

Lo que más me atrae es el sacerdocio secular, donde podría desarrollar bien el apostolado y acercarme al ideal de niño: la santidad. Diario, septiembre 1934

 

Ahora, estando ya decidido a seguir la voluntad divina, mucho me va a ayudar María en mis propósitos si le tengo la devoción que tenía cuando /era/ niño bueno. Diario, 1934

 

En las vacaciones de 1935:

Jesús, quiero que con tu gracia se dé mi comienzo en el camino de la santidad. Este es un anhelo muy hondo de mi alma y estimándolo así y deseando ardientemente su cumplimiento, ya lo he puesto en las manos de Tu Madre. Diario, febrero de 1935

 

Pongo este propósito al amparo de vuestra virginal pureza, María, mi Señora y Madre, y creo firmemente y estoy bien seguro que conseguiré el realizar este sueño al amparo como me pongo -aunque sin derecho- de lo más preciado que posee la más eficaz de las Abogadas. Diario, 4 de febrero 1935

 

Sí, como lo son esos muchachos compañeros de /Félix/ Frías. Como lo fueron éste, Frassatti, Ferrini, Ozanam y muchos otros que eran los únicos, la sal escasa en abundante y uniforme potage... Pero, ellos lo fueron. Qué decir también de San Luis, Don Bosco, San Francisco de Sales, de Asís, Javier, San Ignacio. Ninguno de ellos fue del número de los /comunes/. Eran los únicos, estaban solos en medio de un ambiente igual o peor que el mío. Pero quisieron, poseyeron voluntad, fueron hombres y con la gracia divina, que nunca falta, contra la corriente, contra toda clase de obstáculos, contra inconvenientes mucho mayores que los míos, llegaron a la santidad, al ideal, al fin único seguido, al anhelado fin, a la coronación de sus esfuerzos. Diario,  6 de marzo 1935

 

/Dios/ “en su infinita misericordia se ha compadecido, quizá debido a mi buena pero tímida voluntad fluctuante, pero sobre todo a los oficios de María a quien no he dejado de invocar ningún día, siquiera fuera con un Avemaría rutinario”Diario,1de junio 1935

 

Y ya que es mucho lo prometido y excesivamente superior a mis pobres fuerzas elijo como escudo y armas la devoción a María y como antorcha la vida interior. Diario, 21de septiembre 1935

 

Quiero ser santo. Sostenedme María y haced que responda a la gracia del Señor para serlo. Diario 19 de marzo 1936

 

No olvidar que tengo /…/, con la gracia de Dios, que llegar al Sacerdocio sublime siendo realmente santo! Hay que tomar verdaderamente en serio lo de la santificación: he venido a santificarme  para luego santificar y si no lo consigo defraudo las gracias del Señor.

Señor: no me queda otra cosa que anonadarme, pedirte humilde perdón y empezar de nuevo una vez más, con la firmisima confianza de que por fin se acabará mi tibieza, ya que me he consagrado a Ti enteramente y he venido a esta casa para ser santo. Todas las noches se lo pido a María Auxiliadora y ella nunca me ha negado nada... Diario, 19 de marzo 1936

 

Tantas veces he comenzado que no me atrevería a tomar resoluciones. Pero confío en el Señor o quiero confiar en Él exclusivamente. Ya sé lo que yo puedo. Repito: confío en el Señor exclusivamente y propongo en base /a/ esa ayuda segura, llegar a la santidad. Por mi parte lo quiero. Agrego a esto tres Avemarías diarios a la Madre Celestial /con/ esa intención. Sólo me falta empezar a trabajar. Diario, 15 de abril 1936

 

(Día de San Alfonso María de Ligorio) Gran santo éste que tanto amó a Jesús, a María y a la Iglesia; he de imitarlo con la gracia de Dios en estas tres cosas al par que en su piedad, su ciencia cristiana y su espíritu apostólico. Diario, 2 de agosto de 1936

 

(Fiesta de San Juan Ma.Vianney, Patrono del Clero secular) ¡Qué santo admirable éste y qué modelo para los que vivimos tiempos semejantes a los suyos! Diario, 9 de agosto 1936

 

Y seré santo, porque cuento con la gracia de Dios y la protección de mi Madre Celestial, a quien cada día se lo pido y pediré cada vez con más fervor, y porque quiero serlo y como San Juan estoy dispuesto a responder a todas las gracias que N. Señor me dé para serlo. Diario,12 de agosto 1936

 

San Bernardo, magnífico modelo, tan amante de María, que hoy nos presenta la Iglesia. San Bernardo, ruega por mí.Diario, 20 de agosto 1936

 

Angel de la Guarda, guíame. /…/ ¡San José, guíame en el viaje! ¡Santa Teresita, dame vuestro espíritu de infancia espiritual! ¡San Francisco de Asís, en este tu día, dame tu amor a la pobreza y tu locura de la Cruz. Diario, 2/4 de octubre 1936

 

A los pocos meses de su ingreso al seminario, con el primer curso aprobado fue enviado a Roma para seguir su formación y estudios en el Pontificio Colegio Pío Latino Americano y en la Universidad Gregoriana. 

Al llegar a Génova escribe:

Tengo gran confianza y esperanza en Vos, Señor, y en tu Sma. Madre, para empezar /…/ una etapa trascendental de mi vida: la de mi santificación. Vos lo querés, Señor; María lo quiere y yo lo quiero. Con tu gracia Señor, seré santo. Aspiro a llegar a ser lo que tu amorosa Providencia ha dispuesto que sea./…/ Mañana veré, si Vos querés, Europa continental y pisaré esa tierra a la que me mandás y de la cual no sé si volveré a salir. Hágase en todo tu divina Voluntad. Quiero desembarcar teniendo como propósito el ser uno más de aquellos santos que pisaron el suelo de Italia. Que los santos benditos que anduvieron por los lugares por donde he de andar, me protejan y rueguen a Vos para que ese propósito, con tu divina gracia, llegue a cumplida realidad. Diario, 14 de octubre 1936

 

…Me has permitido ver San Pedro, la Iglesia donde /celebra/ tu Vicario y me has permitido orara ante el sepulcro del Príncipe de tus Apóstoles. ¡Gracias, Señor! ¡Gracias María, mi buena Madre! Estoy en Roma desde ayer, estoy en la Capital del orbe católico, en el bendito lugar donde reside el Vicario de N. Señor, en el lugar santificado por tantos Mártires, que ha visto a tantos Confesores de la Fe. Diario, 17 de octubre 1936 

 

En un Retiro: Estaré entregado totalmente a la Iglesia y en mi vida mi único móvil será servirla, ya no más voluntad propia /…/. En mi trato con Dios: ya no pediré para mí sino para mi Sacerdocio, para mi oficio, para las almas, directa o indirectamente. Cuando dirija juventud intelectual y dirigente, trataré de ponerla en contacto con la auténticamente obrera. Diario, octubre 1940.

 

Creo que sin orgullo puedo decir y desear con tu ayuda hacer mucho por Vos y repetir con S. Ignacio /frente a/ lo que han hecho por Ti los más grandes Santos y él mismo: “lo he de hacer yo también”. Siempre sabiendo que todo depende de tu gracia porque por mí no puedo nada. Diario, 7de abril 1941

 

En las vísperas de su ordenación sacerdotal, a los 23 años escribe: 

“Preparación a mi sacerdocio”, 

Trinidad Santa, mi Jesús, María, mi Madre:

Lo que os quiero decir, lo que os quiero pedir en “mi” día, en “vuestro” día (porque con vuestro auxilio, más, con vuestra obra exclusiva, será el de mañana un día trascendental para la gloria divina y la salud de muchas almas.)

- Una “fe ciega” en  la Providencia.

- Una “fe ciega” en  la eficacia de la Eucaristía.

- Una “fe ciega” en  la eficacia del auxilio de María.

- Estoy “cierto” de que “non confundar in aeternum” [no seré confundido eternamente]: me lo harán “ver”, “evidentemente” a cada paso, Dios Padre, Jesús, María.

- Una “fe ciega” y lógica en el obrar, en la eficacia de los medios sobrenaturales.

-Tengo una “certeza absoluta” aunque “a priori” de que mi Sacerdocio será más trascendental para Tu gloria y las almas, que lo que podría haber sido mi vida exclusivamente para Ti pero seglar.

 

Y estoy “cierto” de que Tú, mi Jesús, harás que los hechos me lo confirmen “evidentemente”... en esta vida o en la otra (...porque no te pido ver el triunfo en esta tierra. Más: a paridad de gloria para Ti y de bien de las almas, para asemejarme a Ti cuando aquí viviste mortal y fuiste “un fracasado”, prefiero y Te lo pido no verlo sino en el Cielo. Pero... “a paridad de gloria Tuya”, Jesús... porque eso es lo primero, más: lo único).

- Estoy “cierto” de que llegaré a ser santo. Argumentos: los del poema-tesis de mi vocación que suministran María y la Eucaristía.

- Estoy “cierto” de que Tú, Jesús, y Tu Padre Celestial, dispondrán todo (hombres y cosas) de tal manera que siga el “camino particular” que para mí deseáis. “Me parece” que son la juventud estudiosa y... tus ministros...

 

- “Creo”,“espero con gran confianza” que el día de hoy (de mañana, mejor) será grandioso, trascendental, para los intereses de Tu gloria Dios mío, los de la salud y la perfección de muchas, muchas y grandes almas...

- Pero “todo” por Tu gracia, por Tu potencia, Tu sabiduría y Tu bondad... porque en cuanto a mí, será necesario que me tengas siempre en Tus brazos, Eterno Padre; dentro de Tu Corazón, Jesús mío; bajo el influjo continuo de Tu ley y Tu fuego, Espíritu Santo; en tus brazos también, Madre...

- Y concédeme Trinidad Santa, los “espíritus” de que hablo más arriba y todo lo que Tú sabes que me hace falta o me conviene...

- Y especialmente que sea total y exclusivamente “tuyo”: de pensa-mientos, de afectos, de juicios, de intenciones, de obras: tuyo sólo, todo, siempre (stricte “Homo Dei” /estrictamente un hombre de Dios/)

-  ... y concede todo lo que suelo pedirte y lo que Tú les quieres dar al mundo: a la Iglesia, su Vicario y su Jerarquía; a los paganos, cismáticos y herejes; a mi Argentina; a mis parientes y bienhechores, a mis superiores, a mis amigos, a todos los que me han hecho y querrán hacer mal...

¡Señor: que sea un impaciente, un siempre insatisfecho de Tu poca gloria! ¡Siempre A.M.D.G.! /a la mayor gloria de Dios/

- Y que sean testigos benignos de esta conversación de mañana... y de siempre: S. José, mi Ángel, S. Pedro y S. Pablo, S. Juan Bautista y S. Juan Evangelista, S. Agustín y S. Juan Crisóstomo, S. Bernardo, S. Tomás, S. Ignacio y S. Francisco Javier, S. Teresa, S. Luis, S. Juan M. Vianney, S. Juan Bosco, S. Teresa del Niño Jesús y S. Gema Galgani.   A.M.D.G.

 

El 12 de abril de 1941 llegó el gran día esperado: Ya soy sacerdote... y nada en mí parece cambiado.  Me haces comprender, Señor, que mi vida en adelante deberá ser vida de Fe. Diario