Pensamientos del Padre Etcheverry para rezar  cada día

 

Oración

  • “La primera actitud del hombre frente a Dios tiene que ser de adoración. Decirle que Él es todo y yo soy nada; la segunda actitud debe ser de amor. Dios es el todo, es infinitamente perfecto e infinitamente amable, y mi corazón se siente atraído hacia Él… 1951 

 

  • “Cuando vamos a hablar con Jesucristo no tenemos que olvidar la doble relación que tenemos con Él en cuanto es Dios y en cuanto es hombre. En cuanto es Dios le debemos a Jesucristo una profunda veneración, la más profunda, tan profunda que se llama adoración.  Adorar es decirle a Dios: "Tú eres todo y yo soy nada y por lo tanto lo poquito que soy depende totalmente de Ti." Eso es adorar. Pero por otra parte Jesucristo es nuestro hermano, se quiso hacer hombre; la humanidad de Jesucristo nos pide, nos invita y nos exige una gran confianza. Esos dos sentimientos, y esas dos actitudes interiores: el profundo respeto y una afectuosa y gran confianza, precisamente, quiere Jesucristo que tengamos siempre con Él.” Agosto 1965

 

  •  “La oración es la conversación entre dos personas cercanas: Dios ha descendido infinitamente hasta hacerse hombre y a nosotros nos ha elevado.” Agosto 1965

 

  • “En la oración hablamos con Jesucristo que es nuestro hermano, un hermano muy íntimo. En la oración hablamos con el Padre, que es nuestro Padre, un Padre que nos quiere tanto que nos ha dado a su Hijo y nos ha adoptado a todos nosotros como hijos; en la oración hablamos con el Espíritu Santo que es nuestro consejero, nuestro protector, aquél que nos da luz en la inteligencia y amor en el corazón para conocerlo y amarlo a Jesucristo y estar muy unidos con Él” 1966

 

  • “Lo primero que tengo que hacer en la oración es tomar conciencia de la presencia de Dios. Dios está dentro de mí; Dios está en la capilla, en el Santísimo Sacramento; Dios está en todas partes.” 1966

 

  • “Para poder conversar con Jesús, Hijo de Dios y Hombre, gran amigo que da la vida por nosotros, maestro, consejero, apoyo, dador de vida, no sólo basta que yo sepa quién es Él y qué es lo que Él quiere proponerme cuando me ofrece su amistad, sino también que yo le corresponda con reciprocidad y yo sepa qué es lo que yo le ofrezco a Él cuando le ofrezco mi propia amistad.” Mayo 1970

 

  • “Debemos primero saludarlo a Jesucristo, pedirle que nos hable. A lo mejor le digo que lo adoro, le digo que lo quiero, le agradezco todo lo bueno que es conmigo, si le he hecho alguna macana hace un rato le digo: "Disculpáme aquello que te hice…" y voy derecho al grano: "Te pido un rato de charla. Te pido que a propósito del Evangelio que voy a leer me hables. Todo aquello que pensaste desde siempre que me convenía en este momento, hacélo...” Agosto 1965

 

  • “Cuando empiezo a leer, es Dios que me está hablando y entonces es conveniente que también vaya mezclando mis palabras y le diga a Jesucristo: "A ver, ¿qué quiere decir esto, Jesús? No entiendo, explícamelo un poco. Como le diría a un amigo que está al lado y quiere explicarme una lección: comienza por leerme un párrafo y me pregunta: ¿Entendés? Yo le diría: "Mirá, no mucho, a ver repetímelo… ¿Qué quiere decir esta palabra?" Así le voy preguntando a Jesucristo.  Y todo lo que vaya entendiendo no es producto de mi inteligencia, de mi gran trabajo, de mi gran capacidad sino que va a ser producto de la bondad de Dios que quiere mostrarme, iluminarme, darme afecto, darme fuerza.” Agosto 1965

 

  • “Entonces voy sacando ideas, afectos, dolor, propósitos, a medida que voy leyendo el texto con la conciencia de estar haciéndolo con Jesucristo y de que es Él quien me va iluminando. "Es que me quedo una hora en una línea". Mejor. San Ignacio de Loyola dice: "No el mucho saber harta el alma, sino el gustar las cosas internamente", el sacarle jugo a las cosas…” Agosto 1965

 

  • “Si he charlado mucho con Jesucristo, he tenido ideas y sentimientos pero no saco ninguna resolución concreta no importa: la conversación con Él no está necesariamente destinada a que yo saque tal o cual propósito. No. Hay dos modos de transformar una conducta: a fuerza de propósitos que luego se cumplen o a fuerza de valores, de ideas que uno va rumiando adentro y cada vez valorando más, estimando, queriendo, y cuando llega un momento está asumido por esas cosas y obra espontáneamente de acuerdo con ellas.” Agosto 1965

 

  • “El estado de oración consiste en una convicción permanente de que Jesucristo, Dios y Hombre, está muy cerca de nosotros, a nuestro alcance, más aun, dentro de nosotros mismos. Convicción de que está ahí permanentemente acompañándonos y a nuestra disposición para poder en cualquier momento intercambiar con Él una mirada o una palabra o para en cualquier momento hacer algo con Él, ojalá también que como Él, ojalá también que por Él.” Agosto 1965

 

  • “El estado de oración consiste en contar con esa presencia amical y comprensiva de Jesucristo como un telón de fondo, aunque uno en primer lugar tenga que ocuparse de otro objeto, de otro actor que se pone delante en el escenario: este tema que tengo que estudiar, esta tarea, esta persona con quien debo conversar, pero detrás de esta tarea, de esta persona uno sabe que está Jesucristo benévolo, bien dispuesto, siempre pronto a comprender, siempre pronto a ayudarme. Y porque se tiene esa convicción de la presencia de Él allí como telón de fondo, muy próximo y además personal, es muy fácil, espontáneamente, a cada rato cambiar una mirada, una palabra, pedir una ayuda, agradecer una ayuda dada espontáneamente sin que hubiera mediado el pedido. Eso es estado de oración: estado de conversación más o menos permanente, en primer plano o en segundo plano, con Dios, en particular con Jesucristo.” Agosto 1965