Pensamientos del Padre Etcheverry
Inmaculada Concepción
“Desde el momento de la concepción inmaculada de María cambia radicalmente la historia de la humanidad, y de sus relaciones con Dios y con el más allá. Es un día de fiesta para Dios y para los hombres.
Nos es difícil percibir la trascendencia sin par que tiene en el mundo la aparición de la Virgen María: Ella es la primera en condiciones de dar gloria a Dios, de amar y de hacer mirar a Dios con benevolencia al mundo y de abrir esperanza para la salvación de los hombres. Dios mira al mundo de otra manera, se regocija con la belleza de esa flor, se goza con su perfume. Mira con una enorme satisfacción y un enorme amor a María” (Diciembre, 1969).
“Hay una estrecha relación entre la fiesta de la Inmaculada y la venida al mundo del Hijo de Dios. La Virgen, porque iba a ser madre de Dios, fue concebida sin pecado original y llena de gracia desde el primer instante de su concepción. Y porque la Virgen fue concebida sin pecado original y llena de gracia desde el primer instante de su concepción, por eso, la Virgen fue Madre de Dios.
La Virgen no tenía ninguna relación con cualquier transgresión a la ley de Dios, a la voluntad de Dios, al amor de Dios, al ser de Dios. Y Dios no deja el cielo -lógicamente es un modo de hablar- para hacerse hombre, si no encuentra entre los hombres un ambiente semejante a ese cielo donde todo sea luz, donde todo sea amor, donde todo sea rectitud, donde todo sea pureza.
Dios baja del cielo del seno de la Trinidad para empezar a vivir en un nuevo cielo que es primero el seno del alma de la Virgen, luego del corazón de la Virgen y luego de las entrañas de la Virgen.
Y en el momento de nacer, va a pasar de las entrañas a los brazos y a las rodillas de la Virgen y va a encontrar siempre el mismo clima y va a pasar a la casita de Nazaret, al seno moral de la familia de Nazaret; y cuando Jesucristo deja su casa para predicar por Palestina va a ir siempre custodiado por la Virgen, amparado por la misma atmósfera de pureza, de luz, de amor, de total conformidad con Dios que la Virgen irradia.
Y así Jesucristo vino al mundo gozoso, gozoso dejó el trono de Dios, el seno de Dios Padre para empezar a vivir en la tierra en ese seno permanente, ya fuera el físico o moral, de la Santísima Virgen” (Diciembre, 1970).
“El día de la Inmaculada Concepción es un día de esperanza. Empieza a existir la flor de la cual será el fruto Jesucristo que es la razón de ser de nuestra vida. Empieza a existir en la tierra ese anticipo de la plenitud que vamos a tener cuando lo tengamos a Jesucristo Nuestro Señor” (Diciembre, 1966).
“Es además un día de gran belleza, en el orden humano del comienzo de la máxima belleza. La Virgen es concebida sin pecado, por lo tanto, desde el primer instante llena de gracia, llena de las perfecciones de la naturaleza divina participada, llena de la bondad de Dios, llena de la belleza de Dios, de la participación de la belleza misma increada” (Diciembre, 1966)
“Es además el día de la femineidad. La Virgen viene a restituir a la mujer el sentido primitivo y maravilloso de su vida” (Diciembre, 1966).
“Y es también el día de la fecundidad porque María es concebida como fuente que va a desbordar permanentemente, como receptáculo de la vida divina que siempre es fecunda. Ella tiene dentro de sí un dinamismo permanente destinado a donar esa vida divina que ha recibido sobre todos cuantos tuvieron la dicha de estar cerca suyo, también en los años de su vida antes de la Anunciación y de la Encarnación del Verbo.
Desde el primer instante la gracia que recibió fue gracia de Jesucristo aplicada a ella en previsión de los méritos del Señor y destinada a alcanzar su máxima fecundidad y su plenitud expresiva y fecunda, expresiva e instrumental, precisamente cuando entre en el mundo Jesucristo y ella se convierta a la vez en Madre de Jesús y en Madre de los hijos de Él, en una unión perfecta con Él.” (Diciembre, 1966).
“Naturalmente todo esto que es muy lindo, sólo tiene sentido a la luz de la fe. Y como Dios Nuestro Señor no nos pide nunca nada sin darnos lo necesario, esta fiesta nos trae abundante fe” (Diciembre, 1966).
“Es fiesta de amor porque el amor y la gracia van siempre juntos. Y de un modo particular porque nunca en la tierra existió tanto amor a Dios y tanto amor al prójimo como cuando empezó a existir la Santísima Virgen impregnada de la gracia, con su corazón humano lleno del amor del corazón de Dios. Y porque la sola creación de la Virgen nos está mostrando un amor inmenso de Dios hacia ella y hacia nosotros ya que ella viene a ser nuestra benefactora máxima, viene a ser nuestra Madre, viene a darnos a Jesucristo y viene a darnos todo lo que Jesucristo nos aporta.
Y además es fiesta de amor, porque hace crecer nuestro amor; amor a la Virgen que se nos presenta tan linda y amor de gratitud a la Virgen porque viene a desbordar esa participación de su vocación de amor a Dios y amor a Jesucristo” (Diciembre, 1966).
“Han pasado veinte siglos. Nosotros sabemos que Jesucristo renueva su presencia en la tierra permanentemente en la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo. Pero existe la tierra la renovación de la presencia de la Virgen: ella, Madre de los hombres y Madre de la Iglesia, permanentemente participa su presencia en todas aquellas personas que asumen para sí el papel de prolongar la belleza de su colorido y lo exquisito de su perfume delante de los ojos de Dios, para gloria de Dios mismo y para salvación de los hombres.
Hoy es necesaria una renovación vigorosa de la raza de la Santísima Virgen en el mundo por medio de aquellas personas que vivan, dentro de su vocación, el deseo de agradar a Dios, al Padre y a Jesucristo y para servir a sus hermanos; personas que tengan su corazón lleno de la gracia, su inteligencia iluminada por la fe, su voluntad y el mismo corazón encendidos y fecundados permanentemente por la caridad y por la esperanza, y de esta manera, bajo el manto de la Virgen, recibiendo como vasos capilares la sangre del corazón mismo de la Virgen, actúen en el mundo y busquen esa adecuación que Dios exige del mundo y la salvación de los hombres” (Diciembre, 1969).
“Esta celebración tiene que darnos una gran doble lección:
Primero hacernos apreciar, valorar y amar lo que la Virgen es. No sólo de hecho es la Madre de Dios y nuestra Madre, sino que es la que trajo el cielo a la tierra, es la que al Hijo de Dios de una manera tan atractiva que él no se negó a venir; Dios viene al mundo porque lo invita y lo atrae la Virgen como un imán. Y qué importancia tiene también la Virgen para que Jesucristo se haga presente dentro de nosotros en todo momento y vaya tomando nuestras potencias y vaya transformándonos, para que Jesucristo viva de un modo más perfecto en nosotros.
Entonces primero valorar lo que la Virgen es, amarla y contar con ella para que Jesucristo venga permanentemente y cada vez más a nuestra alma.
Segunda gran lección: ¡Qué necesidad tenemos de imitar a la Virgen!, de ofrecer a Jesucristo un desprendimiento de todo lo que sea incorrecto, de todo lo que sea adhesión indebida a las cosas de afuera, a nuestra sensualidad y a nuestro yo, para que Jesucristo Nuestro Señor no tenga ningún inconveniente de venir a nosotros.
Qué necesidad de imitar a la Virgen para que Jesucristo, al amparo del halo de pureza, de rectitud, de amor, de luz y de calor que creemos en el mundo, quiera venir con renovada fuerza a nuestra Iglesia y al mundo” (Diciembre, 1970).
“Todo lo que hagamos por purificar nuestra alma y por irradiar a nuestro alrededor limpieza, luz, calor, rectitud, deseo de estar a la disposición de lo que Dios quiera, de someternos a su voluntad, va a ser provechoso para que Jesucristo quiera venir a nuestra alma y también en beneficio del mundo que tanto necesita” (Diciembre, 1970).
“Que esta fiesta de la Inmaculada Concepción sea sacramental, portadora de una gracia correspondiente al misterio que celebramos, que nos traiga una participación abundante de fe, de esperanza, de caridad, de ausencia de pecado y de toda rebelión; nos traiga una participación tan poderosa de la Inmaculada Concepción que Dios encuentre en el mundo un poco de color en las flores que le agradan y el perfume que satisfaga su Corazón” (Diciembre, 1969).



