Pensamientos del Padre Etcheverry 
Semana Santa

 

María al pie de la cruz

 

“Todo el dolor de María fue por amor a Jesucristo,

precisamente para poder ser digna compañera de su Hijo, Redentor” Mayo, 1963

 

“Ante María en la cruz podríamos detenernos muchísimo. Allí en la Virgen hay dolor, ¡claro está! Dolor sin comparación.

Dolor por el Hijo, dolor por ella misma, dolor por los pecadores. dolor por los verdugos, dolor por cada una de las personas presentes y por cada uno de los hombres que a través del tiempo y del espacio no iban a comprender la Pasión de su Hijo; iban a abofetearlo, a crucificarlo nuevamente.

Dolor y aceptación total llena de fe, de confianza en la voluntad del Padre, en el valor redentor de lo que estaba ocurriendo, por más espantoso que fuera.

Aceptación total a impulsos del amor.

Y perdón de Madre para los protagonistas inmediatos y para todos los hombres, también para nosotros que hemos visto en estos días cuánto tenemos de parte en la pasión de su Hijo.

Y ofrecimiento de sí misma como co-redentora. Ofrecimiento de su propio dolor y aliento a Jesús. Ciertamente que con su presencia firme y valiente, y con su mirada, sobre todo con su corazón, que hablaba a distancia al corazón de su Hijo, la Virgen lo sostuvo, y así entonces, tuvo un cierto título para su maternidad espiritual sobre nosotros, a quienes estaba dando vida Jesús en la Cruz.

Y ofrecimiento de Jesús al Padre, ya que Él era su Hijo, esa Hostia era parte de ella misma,

Y aceptación de la filiación de los hombres. Algún Padre de la Iglesia dice: "¡Qué cambio!, Juan por Jesús, los hombres por Dios. El hijo del Zebedeo por el Hijo del Padre Celestial". ¡Qué reemplazo! Esa aceptación de dejarlo de ver a su Hijo en su humanidad perfecta y fina, la humanidad del Hijo de sus entrañas, para tener que encontrarlo en la tosquedad nuestra.

Y sostén de las mujeres buenas. No tengamos la menor duda de que las buenas mujeres no tuvieron que sostener a la Virgen, sino viceversa.

Y solicitud por Jesús, por si en algo podía servirle en esos momentos.

Y fe, cuando parecía que todo se acababa. Fe en el Dios que estaba dentro de su Hijo. Y esperanza en la Resurrección. Y sobre todo, más que nunca, un inmenso amor.” Mayo, 1963.