Pensamientos del Padre Etcheverry 
Semana Santa

 

La última cena

“Tomemos el Evangelio y descubramos los pensamientos y sentimientos de Jesucristo Nuestro Señor, precisamente en esta noche y en esta Cena.” Jueves Santo, 1965 

 

El lavatorio de pies

“Es maravilloso todo lo que Jesucristo hace en la Última Cena. Les enseña a los discípulos a ser humildes. Ellos al sentarse se pelean por los primeros lugares, entonces Jesucristo se ciñe una toalla, coloca una palangana en el piso, toma una jarra, echa agua y empieza a lavarles los pies uno a uno. El lavar los pies era lo que hacían los esclavos; la gente usaba sandalias y los caminos eran polvorientos de tal manera que andando por la calle se ensuciaban y al entrar a una casa los esclavos les solían lavar los pies, era el trabajo más humilde y más humillante… Cuando termina, Jesucristo les dice: "Ustedes me llaman a mí Maestro y Señor y tienen razón porque yo lo soy y si yo que soy Maestro y Señor les he lavado los pies así tienen que hacer ustedes los unos a los otros, para eso les he dado ejemplo". Fíjense qué modo elocuente de enseñarles a ellos y a nosotros a ser humildes y a servirnos recíprocamente.”  Octubre, 1970

 

La institución de la Eucaristía

“Miremos cómo Jesucristo hace la maravilla de instituir la Eucaristía para quedarse permanentemente con nosotros ahí presente y, además, para poder todos los días renovar el sacrifico de la Cruz en la Misa para que nosotros podamos libremente, cada día, tomar nuestra posición personal frente a ella.

 

Así como frente a la Cruz de Jesucristo hubo hombres que estuvieron en contra y lo crucificaron o lo insultaron  o se rieron de Él o fueron indiferentes y hubo otras personas buenas, como la Virgen y las santas mujeres y san Juan y el buen ladrón que estuvieron a favor, en la Misa se actualiza el sacrificio de la Cruz para que nosotros imitemos libremente a las personas buenas que estuvieron junto a la Cruz y así nos apliquemos lo que Jesús ganó para los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares.

 

Jesucristo en la Cruz muere por todos los hombres, para adorar a Dios por todos los hombres, para darle gracias, para pedirle perdón y para pedir lo que podamos necesitar por todos los hombres. Pero como Dios nos ha hecho libres quiere que libremente le digamos a Jesucristo cuando vayamos a la Misa: ‘Sí Jesús, yo estoy de acuerdo con que Vos allá en la Cruz hayas muerto en representación mía, para adorar en mi nombre, para dar gracias en mi nombre, para pedir perdón por mis pecados, para pedir por mis necesidades. Yo ratifico tu poder, yo acepto que lo hayas hecho por mí, yo te agradezco, hago mío lo que me has conseguido’.

 

Para esto Jesucristo instituye la Eucaristía: para en cada Misa renovar el sacrificio de la Cruz y para quedarse allí en el Sagrario para que pudiéramos en cualquier momento acercarnos a Él, como se acercaban a Él las personas que lo conocieron durante su vida mortal y le traían sus dolores, sus problemas, sus males y Jesucristo los ayudaba, los consolaba, los sanaba.” Octubre, 1970.​

“El que Jesucristo nos dé a comer su carne y beber su sangre en la Eucaristía, esta maravilla única, nace del corazón de Dios, de Dios Padre, de Dios Hijo y de Dios Espíritu Santo.

 

Nace del corazón de Dios y se traduce en versión humana en el corazón de Jesucristo hombre.

Allí, en el corazón, es decir, en la capacidad de amar de Dios, en la capacidad de amar de Jesucristo hombre, tenemos la fuente de esa vida que nos es dada de un modo tan maravilloso.

Meditemos con fe, con humildad, con la mayor capacidad de amor que tengamos, algo de lo mucho que hay en el Corazón de Jesús como fuente de la maravilla de la Eucaristía. Meditemos ese inmenso amor a nosotros y a mí en particular que se expresa en la Eucaristía.” Mayo, 1967.

 

La Institución del sacerdocio

“Jesús en la última Cena instituyó el sacerdocio A los Apóstoles les dio el poder y el deber de renovar el sacrificio de la Misa, los hizo sacerdotes y así nos dejó a quienes a través del tiempo y del espacio pudieran aplicarnos lo que Jesús nos ganó en la Cruz, pudieran traernos su doctrina, la gracia, el perdón que ganó para nosotros, pudieran orientarnos en su nombre en nuestra propia vida.” Octubre, 1970

 

Los discursos de despedida

“Jesús después dijo unas palabras lindísimas, rezó por la unidad de su Iglesia… y finalmente se levantó y, fíjense qué cosa curiosa, Jesucristo va a morir, aparentemente va a la derrota y sin embargo les dice como última palabra allí en la Cena, antes de ir a morir: "Tened confianza, Yo he vencido al mundo". La muerte de Jesucristo es el comienzo de nuestra vida. Cuando nosotros los hombres le quitamos su vida física, Jesucristo nos gana el derecho a su vida divina. Toda la gracia que recibimos en los sacramentos nos viene de la muerte de Jesucristo en la Cruz. Y por eso Jesucristo dice cuando lo van a matar: "Yo he vencido al mundo". Va a vencerlo y está cierto de vencerlo, sabe que cumpliendo la voluntad de su Padre, está consiguiéndonos el mayor beneficio a los hombres y la mayor victoria que los hombres podamos jamás alcanzar.” Octubre, 1970

 

Acompañemos a Jesucristo esta noche

“Vamos a acompañarlo a Jesucristo esta noche siguiendo el espíritu de la iglesia que en este día quiere que se lo acompañe en su reserva en el Monumento. A Jesús presente en el Sagrario, adornado con amor, lo tenemos junto a nosotros y nosotros junto a Él. Vamos a pasar un rato conversando con Él. Como lo quiere la Iglesia y como ciertamente nos pide nuestro corazón: acompañarlo con amor en esta noche,” Jueves Santo, 1965